jueves, 15 de enero de 2009
La mujer de las tetas grandes
martes, 6 de enero de 2009
Sinsabores de año nuevo

- Bajar los kilos que gané en Diciembre (como si solo engordé en el último mes del año)
- Escribir la novela que no he terminado (comenzado)
- Ser mejor esposo y excelente amante (con la misma persona por supuesto)
- Comer menos carbohidratos en la noche para evitar flatulencias en la cama (no por mi)
- Aprender italiano para el viaje que haré no en el 2009
- Terminar el curso de Portugués
- Levantarme temprano para evitar la cola (o tomarla más temprano)
- Comprar el ejemplar de Urbe Bikini que siempre veo exhibida (cuando vuelvo está agotada)
- Reencontrarme con dos amigos/as que vi en Facebook y a quienes sigo ignorando pero me siguen invitando a cualquier reunión que deben ser igual de ladillas que cuando estábamos en la universidad
- Sacar del Facebook los que no son mis amigos (yea right!)
- Ordenar la música en mi Ipod
- Y las fotos en mi computadora… (estas últimas dos son dos proyectos de 6 meses cada uno)
- Usar menos el BB o apagarlo (yea right!) cuando tenga conversaciones sentado en una mesa
- Pagar la multa de tránsito que tengo pendiente en la Alcaldía de Chacao (las multas deberían prescribir, ya es suficiente castigo estar pendiente de pagarlas)
- Ordenar mi estudio (como si eso fuera posible)
- Leer los miles de bolívares que he gastado en libros o mejor: terminar los que he comenzado a leer, para sacar los que he escondido a mi familia desde que me prohibieron entrar a Tecniciencia o cualquier tienda que tenga más de dos libros exhibidos (además ya no cabe uno más en el escondite secreto)
- Ampliar mis conocimientos de música clásica, jazz y opera (para acompañar la pila de libros)
- Ser mejor padre (volver a escuchar la canción No Basta de Franco de Vita)
- Dejar de ver las predicciones de Nostradamus, Adriana Azzi o cualquier otro astrólogo o tarotistas que se diga con poderes videntes (sólo hacerle caso al conductor de Aló Presidente)
- Ir más al cine y ver mejores películas (no sólo Disney hace películas)
- No pararle a la Apocalipsis financiera de turno y dejar de comerme las uñas (Obama va a resolver todo)
- Limpiar los zapatos y las trenzas (con sacarlas y volverlas a enlazar tengo)
- Botar la ropa vieja o la que no uso, o la que no uso y está vieja (ya ven por qué no me deshago de la ropa que no uso)
- Mantener el blog al día (al menos un post por semana)
- No perder el contacto con los amigos nuevos (para darle celos a los amigos viejos)
- Ir mas a la playa y tomar menos cervezas (no es condición sine qua non pero pueden ir juntas, digo la playa y las cervezas)
- Ah! y algo de ir a Misa, pero no me acuerdo...
- … etc … Etc … ETC
miércoles, 17 de septiembre de 2008
¡Gritos!

Foto: http://www.flickr.com/photos/el_memo/2451582122/
La mejor manera de comenzar el día es con un grito.
María tenía tres días enamorada. Bueno, sólo dormía entre tres o cuatro horas durante el día detrás de cualquier cortina o debajo de una mesa. Si enamorarse era dejar de dormir, estaba enamorada.
Su indigencia era extrema. Campeona de los abandonados, como le gustaba resumir. Jamás había sentido el amor auténtico, sólo sus genitales irritados de esperma de velas derretidas. Además era muy huraña. Sus amigos eran un pastor alemán mugriento, una gata angora calva y un perico sin alas; ella se encargaba de desplumarle las alas para que no se atreviera escaparse.
Todo comenzó cuando Juan Manuel, un miércoles santo, sin darse cuenta, le habló y le dijo que podía salvarse. Todo el sufrimiento de María sería recompensado el Domingo de Gloria. Le encantaba como sonaba su nombre en la voz de Juan Manuel. Se iba a confesar sólo para que la mandara a rezar ave Marías. A veces no le contestaba para dejarlo hablar y seguir percibiendo lo que era música para ella. El confesionario era su lugar favorito porque él no podía verla. Si, el único detalle es que Juan Manuel era sacerdote.
Ella sabía que no podrían casarse o tener hijos con él; pero ese detalle no le molestaba. Ella no dormía porque en semana santa los sacerdotes no duermen. Ella podía seguirlo y pasar desapercibida. Era su voz, su ternura lo que la tenían hechizada. Durante más de setenta y dos horas no lo perdió de vista. Si entraba en el sagrario lo esperaba detrás de un santo, si iba a almorzar se quedaba en la acera, cuando daba misa lo escuchaba detrás del último banco.
El lunes se despertó con el mordisco del perico en una oreja. Era muy temprano, oscuro todavía. Buscó a Juan Manuel, no lo consiguió. Se desesperó. Buscó otra vez. Preguntó y le dijeron, el Padre Juan Manuel regresó a su tierra, el sólo vino por Semana Santa. Su pecho se derritió como sus ojos. Un nudo se hizo en su garganta y sus compañeros estaban inquietos. Liberó su garganta con un grito que paralizó el tiempo y se tragó la luz. Sólo su perro guardián la escuchó. La ciudad despierta ahogó sus sonidos.
Regresó a su casa con sus mascotas. Jamás volvió a ver a su salvador. María desde entonces le recomienda a todo el que conoce: “La mejor manera de comenzar el día es con un grito”.
martes, 22 de julio de 2008
Olor a boca de río
Foto: http://www.flickr.com/photos/yasminyefren/345797233/Esta fue la historia de un niño, su abuelo y un peñero. Salieron de madrugada. Las estrellas y un casabe monumental alumbraban la bóveda mágica. El barco tenía motor, pero van a remar. El abuelo tenía que enseñar. El niño va a aprender. El alba olía a rocío dulce, aterciopelado. Las manitas no se aferraban. La oscuridad abría sus fauces. El pequeño no se intimidó. La armadura del viejo lo arropó. El río casi ni sonaba. El remo dibujaba el agua. La corriente inofensiva los cargaba. Los aceites de cocoteros invisibles vencían la distancia. El abuelo guiaba el timón, él no lo sabía. La cadencia del mar atraía nuevos ruidos. El agua se puso inquieta. El salitre saqueaba el sereno. La luna se negaba a dormir. Los colores soñolientos abrían los ojos y el sol comenzaba a rugir. Todo se mezcló por un instante, el sueño con la vigilia, la serenidad con el agite, el dulce con lo salado, la noche con el día. Todo comenzaba o todo terminaba. Tiraron anclas y quimeras. Dos anzuelos, dos nylon. Los plomos se zambulleron en anhelos. Sólo el tiempo reconocería el corazón de un pescador. Un tirón inició la faena como la luz al día. El mentor guiaba al niño, luchaban fuerzas y esperanzas. Era un bagre de medio kilo. Tenía bigotes y no hablaba, sólo se obedecía: resistía y peleaba. La paciencia y la desesperanza son porciones del cambio. Sus branquias inútiles dejaron de funcionar. La lucha por la vida terminó en la muerte. Un fogón al otro lado despertó otras hambres. Olía a leña y arepas recién montadas. La piel comenzó a tostarse. Era hora de regresar. El hombre tomó los remos y la corriente a domar. El nuevo marino venera a su presa que honrará. El abuelo los miraba tranquilo, sabe que todo se repetirá.
sábado, 28 de junio de 2008
Separación

Te miraba y pensaba.
Atisbé tus labios, pesaroso.
Tus ojos me apocaban.
Mi vergüenza deseaba que me ignoraras.
Ya no sigo las analogías.
Pretendo todo lo que no conozco.
No enuncio pensamiento.
Tengo sed, hambre, sueño, soberanía.
Me siento inútil, inmaterial.
Hoy no persigo el camino.
Inservible, cansada, ineficaz.
Prefiero la trocha.
Dos relojes derretidos, inconcebible.
— ¿Qué nos pasa?, Enrique, hablemos
— Ana María, ¡esto se acabó!
martes, 10 de junio de 2008
¿Quién será?
Fuente: http://www.flickr.com/photos/67957098@N00/502127368/En El Junquito, en el techo de una casa de bloques sin frisar, en la ladera de una montaña, hay un niño volando un papagayo. El viento impulsa su creación y el pabilo lo mantiene conectado a tierra. Las nubes son su mentor aunque no estén de humor. Pareciera que va a llover. Su brazo derecho repite las haladas, soltando de cuando en cuando un poco de hilo. Un ser transparente revisa el cuaderno de tareas tirado en el suelo; las hojas hacen ruido intercalando portada y contraportada.
— ¡Juan Antonio!— grita la madre. Le tiene listo el almuerzo, pero él está concentrado haciendo volar el cometa al lugar deseado para entregar el mensaje.
El Sr. Rodrigo, jardinero de la familia Gomez, revisa los helechos antes de irse como todos los lunes y jueves. Consigue otro papagayo con un pequeño sobre pegado. El Sr. Rodrigo no sabe leer, pero le molesta la combinación de plantas y papagayos. La suerte del artefacto está echada: directo al pote de la basura.
— ¿Quién será el sin oficio? — rezonga mientras recoge su mochila para retirarse.
Anita Gomez, todavía en uniforme del colegio, revisa los helechos sin sorpresa. Camina despacio al basurero, sostiene en su mano derecha la tapa y consigue el papagayo y la esperada nota firmada por Juan Salvador Gaviota.
martes, 3 de junio de 2008
Barry White no es el único que sabe de amor
Diálogo real o como lo recuerdo.— Roberto, ¿qué rama de la medicina practica un antólogo?, ¿saca muelas?
— ¡No!, ese es un odontólogo
— ¿Pero tú no eres un antólogo?
— ¡No sé!
Mario, no conozco a Margaret Sullavan, pero está bien, ahora soy uno de sus viudos. Rubem, Sylvia y José están locos de remate. Gabriel, un poco melodramático la Nena Daconte y Billy Sánchez, quien “le mostró su respetable animal erguido”. Coño Julio, después de tres páginas y dos güisquis seguía sin entender los cambios de las voces, pero superada la resaca, otra tragedia de amor imposible entre la Señorita Cora y Pablito. Ángeles, por favor, deja la flojera y trabaja en los títulos, aunque entendí lo irrelevante. Guillermo, de todas las imágenes posibles, una meretriz discapacitada no es mi favorita. Adriano, pana, ¿y con esto levantabas? Federico, ¡qué regalo! Tununa, ¡Dios mío!, “y cuyos efectos no siempre eran de placer sino que iban del placer al dolor, alternadamente”. Sergio, tienes razón, el amor es posible sobre todas las adversidades, incluso el poder.
Diálogo imaginario o como imagino sucedería.
— Roberto, ya entiendo. Un antólogo es un pana que le presenta a otros panas a panas que no conoce
— Eso es un pana
— Entonces, un antólogo es un pana
— ¡No sé!
P.D: Si, para entender esto tienen que leer el libro.