jueves, 15 de enero de 2009

La mujer de las tetas grandes


Amanda tenía las tetas grandes. Todos los hombres las anhelaban. Podía pasar días completos sin gastar un bolívar porque le sobraban las invitaciones a viajar, pasar la noche o el fin de semana en Margarita, Aruba, Miami, Acapulco, Mallorca o Australia. Nunca faltaba el andrógeno bullido dispuesto a prolongar la cercanía de aquel busto sin importar dónde le llevara. Además Amanda era muy simpática e inteligente, podía hablar cualquier idioma y vestida ostentaba una presencia magnética. Un día se cansó y quiso terminar con todo.

Que estaba harta de los abusos. Que estaba cansada de los hombres que la trataban así. Que no tenía tiempo para otra cosa. Que no era eso lo que quería para su vida. Que quería más comprensión y cariño. Que sabía lo importante que eran sus tetas para la humanidad, pero que ella no disfrutaba nada.

Amanda era modelo y había sido fotografiada para portadas de revistas e incluso filmado varios comerciales y actuado como extra. Tenía un cuerpo perfecto y una carita linda. Siempre temió que no podía superar lo irremediable del tiempo. Así fue, la cambiaron por otra muñeca real (real doll) para satisfacer las necesidades de los exigentes clientes. Amanda había cumplido su vida útil.