jueves, 13 de septiembre de 2007

Estado Líquido



¿Por qué será que los sentimientos más intensos entre seres humanos se expresan con lágrimas? Las emociones más extremas: rabia, celos, melancolía, alegría, frustraciones, tristezas; todo dolor termina afuera como agua salada surgiendo del sentido más vidente.

Todo sufrimiento físico, mental, o espiritual, se convierte en agua. Si el hombre sufre porque vive, y el sufrimiento es agua. Entonces el hombre es agua.

Este simple silogismo demuestra que somos soluciones. Un estado intermedio entre lo duro y lo invisible, entre estar vivo y estar muerto. Venimos y nos desarrollamos en agua, morimos y perdemos cada gota de líquido en el sistema hidrológico para después convertimos en restos sólidos y gaseosos, sin disoluciones.

Cada lágrima manifiesta cuán vivo estás. Cada gota de agua salada nublándote la vista se convierte en la prueba más fehaciente de que hay algo por debajo de la piel manteniendo todo junto: el agua. Lo que sale de dentro es agua.

La próxima vez que llores recuerda que estás soltando el líquido vital del cual estás hecho.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Una manera de ser

“El hecho de escribir no obedece a ninguna razón que pueda explicarse en una forma satisfactoria. Carece completamente de causa y objetivo. Es una manera de ser, una necesidad de expresar, un deseo irresistible de enfrentarse a las palabras. Quisiera encontrar una razón que explique por qué escribo, pero tendría que inventar pretextos pocos convincentes. Escribo porque debo hacerlo, porque si no lo hiciera me sentiría muy mal, porque es el único medio que tengo de estar en el mundo y de participar en él. Preguntar por qué un escritor escribe es como preguntar por qué un perro ladra. Estos son actos inherentes al propio ser, inseparables de él como el escritor de su escritura”.

Arturo Uslar Pietri (1906 - 2001)

El Diario de Caracas, 17 de enero de 1995

Fuente: ¿Por qué escriben los escritores?.
Autora: Petruvska Simme.
Editorial: Fundación para la cultura urbana.

viernes, 24 de agosto de 2007

Paul Potts

La fiebre de los Reality Shows han saturado nuestros días como lo hicieron las novelas (soap operas) y los concursos televisados en su momento. Los shows con gente real han sido creados en paísses desarrollado para la gran audiencia de clase media. Algunos han sabido adaptarse, a veces bien y a veces no tan bien, a mercados menos desarrollados, por ejemplo el caso de American Idol y Latinamerican Idol.

Los raitings de estos programas basados en personas comunes y corrientes y no actores, son una mina de oro para los productores, porque siempre habrá mercado para las odiseas de los seres humanos. Puede ser reminiscencias del coliseo romano, pero lo cierto es que muchas personas se ponen detrás del televisor a ver a otros sufrir para lograr el premio mayor. Y si el que gana es el menos esperado, el más débil, mejor. Cómo nos encanta un batacazo.

Ahora combina las dos cosas, una presa insegura como ganador y le añades un extra topping de talento, tienes en tus manos una bomba atómica. Es el caso de Paul Pott, un vendedor de celulares que sorprendió cantando ópera en Britain’s got talent… ahí se los dejo… no comments…

lunes, 20 de agosto de 2007

Poesía de la Mente


En una de esas cosas extrañas que suceden a través de los e-mails, los Hermanos Chang me invitaron a ver Enrique Enriquez y su Poesía de la Mente. Habría pasado como una noche más de no haber sido por el lugar del encuentro: “La Carnicería”.

Para los amantes de la parrilla este lugar, en La California Sur en Caracas, les parecerá familiar. De hecho, en más de una ocasión “La Carnicería” fue lugar obligado antes de: un viaje a la playa, un cumpleaños, la celebración de un fin de semestre y/o/u cualquier sinrazón para echarse palos y librar al carnívoro reprimido.

Una vez confirmada la dirección, llegué al lugar sin mayores desvíos. Efectivamente se trataba del lugar que tenía en mis 512k de memoria. Pero, ¿una carnicería para hablar de poesía? Además, el sitio que recordaba estaba cerrado para el momento de mi llegada, a eso de las 8:00 de la noche.

Bajé el vidrio y le pregunté a un señor con pinta de guachimán o cuida-carros:
—Maestro, vengo a un evento.
—Aquí mismo es. Estaciónese ahí trancando ese carro.

La calle mal iluminada, pero con suficiente gente como para no desconfiar, me aprobó el valor para aparcarme en el lugar indicado. Crucé la calle y verifiqué que la carnicería se encontraba cerrada, closed, fermer, geschlossen. Le pregunté a mi nuevo amigo:
—Maestro, ¿cómo le llego al evento?
—Siga derecho, al final a la derecha — como el baño en cualquier casa — hay unas escaleras, súbalas, ahí es.

Una vez atendidas las instrucciones me acerqué a la entrada del claustro no sin antes avistar a un rottweiler, negro y de mi tamaño, el cual ladraba a infinitos decibeles. Luego me fije en que eran dos las bestias, y que los ladridos se debían a sus ganas de estar juntos. El perro se apaciguó y me dio la bienvenida tiernamente, no sin antes mirarme y olfatearme, como si estuviera a punto de cometer un acto ilícito y él fuera a impedírmelo. Yo me sentía como el perro me miraba: ilícito.

Adentrado en el sitio y habiendo dejado a Cerberos, encadenado, un olor a sangre se hizo penetrante. ¿Será esta la entrada al Tártaro?, ¿o la casa de Drácula?, ¿será sangre humana?, ¿me irán a sacrificar?. Algo de Tarot decía la página web de Enrique, ¿qué carajo hago yo aquí?. Por un instante sólo podía oír mis propios latidos mientras el olor se hizo cada vez más agudo. Dos mujeres raudas aparecieron; se veían seguras muy emperifolladas. Quizás van a hablar con Hades o Drácula. Ahora envalentonado por el par de hembras, las seguí hasta el final del pasillo, cruzamos a la derecha y subimos al segundo piso. Las atosigué más de cerca al corroborar que no eran mujeres vampiro — se reflejaron en mi llavero cromado —. Creo que se percataron de mi presencia porque aceleraron súbitamente el paso.

Al terminar las escaleras, las mujeres encontraron a sus conocidos y comenzaron los besuqueos de rigor. Por un momento me recordó una escena de Kubrick en Eyes Wide Open, pero todos estaban vestidos y no había orgía. ¡Gracias a Dios! — no estaba preparado para tal atrevimiento—. Detrás de las mujeres besuqueadoras se abrió un lugar bullicioso con paredes blancas, sin olor a sangre. Me encontré con Fedosy y Enrique conversando. Fedosy me presentó a Enrique, pero mi vejiga me hizo saber que debía buscar un sitio en el Tártaro para deshacerme de esta parte mortal que ya no me hacía falta — a mi el miedo me da por número 1 —. En eso apareció Roberto sacudiéndose las manos y detrás de él mágicamente apareció el cartel tan añorado: “Baño”.

Saludé a Roberto, no sé por qué, pero se sorprendió al verme, quizás por mi cara de espantado o de continente, o ambas cosas. Pero creo que quedó claro, por mi breve saludo, que andaba de emergencia.

Salí del baño relajado y emulando los gestos de Roberto de hacía cinco minutos — es que no había papel para secarse las manos —. Me dejé llevar por la magia del lugar, era una especie de taller fotográfíco y galería de arte. Una pared me recibió con la descripción de las diferentes actividades que se realizaban en el sitio. Era un centro de arte con olor a carne. ¡Hum!, ¿al final no somos eso?, ¿un poco de arte con olor a carne? o ¿un poco de carne con olor a arte? El significado me golpeó y me fui a comprar una cerveza. Hacía calor.

De Enrique Enriquez no puedo decir más que fue poesía pura y dura. Jugar con las metáforas de la manera más seria fue lo que me llevé de aquella sesión. No tuve la oportunidad de hablar cara a cara con él, pero me llevé muchas bombas de tiempo que sin duda explotarán llegado su momento. Les recomiendo su página para que envíen su foto: http://blog.myspace.com/enriqueenriquez . Simplemente pura magia.

Me quedé con las ganas de ver a Hades o Drácula, ¿o si los vi?.

viernes, 10 de agosto de 2007

Prometheus, Frankenstein and Hounted?

Villa Diodati es una casa en Cologny cerca del Lago Ginebra en Suiza. Es famosa por el verano de 1816 cuando sirvió de residencia a Lord Byron, Mary Shelley y John Polidori, entre otros. Este encuentro se conocería luego como la génesis de las historias de terror clásicas: Frankenstein y The Vampyre. Hoy el doble clic es para el camino desde Prometeo hasta Haunted, no sin antes conocer un poco de la historia de Mary Shelley, y el producto de su pasaje por Villa Diodati.

Comencemos con la mitología griega. Prometeo es el Titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses en el tallo de una cañaheja y darlo a los humanos para su uso y castigado por este motivo.

Prometeo fue un gran benefactor de la humanidad, un mortal muy astuto capaz de engañar fácilmente a los dioses en beneficio de la humanidad y por amor a ésta. Urdió un primer engaño contra Zeus al realizar el sacrificio de un gran buey que dividió a continuación en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los hombres queman en los sacrificios los huesos para ofrecerlos a los dioses pero la carne se la comen.

Volviendo a Villa Diodati, en Mayo de 1816, Mary y su esposo Percy Bysshe Shelley, viajaron con sus hijos al Lago Ginebra en compañía de Claire Clairmont, media hermana de Mary. El plan era pasar el verano cerca del escandaloso Lord Byron, cuya reciente aventura amorosa con Claire la había dejado embarazada.

Forzados a quedarse en casa debido al frío y lluvioso clima, el grupo de jóvenes escritores, cautivados por las historias de fantasmas del libro Fantasmagoriana, decidieron realizar un concurso de historias de fantasmas. Byron y Percy abandonaron el proyecto relativamente temprano. Mary no tuvo inspiración para una historia, lo cual fue un tema de mucha preocupación para ella. Sin embargo, el reporte de Luigi Galvani de sus 1783 investigaciones en avivar piernas de rana con electricidad fue mencionado específicamente por ella como parte de una lista de lecturas aquel verano en Suiza.

Una noche, quizás atribuible a los reportes de Galvani, Mary tuvo una pesadilla. Esta pesadilla sirvió como base para la novela que ella tituló Frankenstein or the Modern Prometheus (1818).
La reunión en Villa Diodati la vuelve a contar Chuck Palahniuk en su novela Haunted(2005), en la cual el hilo conductor es una versión moderna de la Villa Diodati. La trama es una historia marco para una serie de 23 historias cortas, precedidas por poemas de versos libres. Cada historia es antepuesta y seguida por un capítulo de la narrativa principal, y es contada por uno de los personaje, uniéndose a la historia grande de alguna manera.

Unan ustedes los puntos.

sábado, 28 de julio de 2007

Memoir


Esteban, después de mucho tiempo, regresaba a su pueblo natal a reencontrarse con sus padres, los amigos, la familia de sus padres y la familia de los amigos. Había decido caminar un par de cuadras para sorprender a su gente.

El pueblo lucía como lo había dejado años atrás. La calle, en donde vivía su familia, se encontraba un poco más deteriorada, pero las casas destellaban el mismo aspecto de esmaltes desgastados, con similares sombras, por la puesta del sol a la hora convenida todos los días. La escena como lo recordaba desde su infancia.

Una vez hubo llegado al porche de la casa de sus padres, Esteban, volvió su mirada a través de la calle y se reencontró con la vivienda de su viejo amigo Tirso. Una invasión de imágenes revivió su memoria juntos: los juegos de metra, hacer y volar papagayos, aprender a leer la hora, escaparse para bañarse en la lluvia, los juegos de pelotita de goma, los libros, la mata de mamón, las peleas y las medicinas de Tirso que debía tomar todos los días. Una ventisca revivió olores y sabores; los helados de la bodega, las guayabas, la pulpa de tamarindo, los mangos verdes, la Pepsi y el pan.

De pronto, Tirso salió al porche de su casa, y levantó la palma de la mano en señal de saludo. Esteban devolvió la cortesía de la misma manera añadiendo una sonrisa secuaz que evocaba época y selló el reencuentro. Tirso emuló la sonrisa de su amigo, y entró a su casa dúctilmente, mientras que Esteban hizo lo propio.

Victoria la mamá de Esteban, lo recibió con gran entusiasmo. Lágrimas de añoranza se asomaron en las caras de ambos. Madre e hijo dejaron correr las emociones.

— Mamá, no sabes cuanto había querido volver. Que bueno estar otra vez en casa. Todo luce igual. Hasta tú mi viejita te has conservado mejor que esa mata de yaque. Hasta vi a Tirso en su casa. — Le comentó Esteban.

— Esteban, hijo, pero Tirso murió hace seis meses, de un infarto causado por su condición de siempre. — Replicó Victoria, mientras tomaba la cara de su hijo entre sus manos con ternura.

sábado, 14 de julio de 2007

Amor mudo

Clara esperaba que Ricardo la complaciera, la escuchara y sobre todo la entendiera. Tenía muchas cosas que decirle. Habían quedado para cenar a las ocho . El silencio había hecho mucho daño a aquella relación. El encuentro se había convertido en una última oportunidad para la reconciliación.

Clara esperaba resignada en el sitio acordado. Una copa de agua mineral fría valía como prisma en la mesa bañada por la luz de una vela. La vista de ella se perdía en la degradación de colores y entre las turbulencias de luces atrapadas en el vidrio. Su gusto se refrescaba después de cada trago. El agua olía antiséptico, limpio y dulce. Las gotas condensadas sobre la pared del recipiente emulaban lo que había sucedido infinitamente sobre su rostro.

Ricardo había planeado una sorpresa para cambiar su suerte. Se dirigía apresurado a su cita a pesar de andar a tiempo. No quería llegar tarde, porque lo más importante era no olvidarse lo ensayado. Temía no ser entendido, fallar una vez más a su amada y verse ridículo. En su mente se repetía una y otra vez la escena embarazosa de la última pelea en público. La frustración de ella por la incapacidad de él de hacerse entender y deducirla.

Ricardo la encontró en la mesa como se lo había imaginado. Clara estaba iluminada por la luz de una vela. Su rostro, lozano y angelical, parecía hipnotizado por un vaso de agua dispuesto sobre la mesa. A medida que se acercaba, su corazón latía más fuerte, sentía humedecerse sus manos y secarse su garganta. La sorprendió con un beso suave, cálido e intemporal afincado sobre su mejilla. Clara cerró sus ojos y se dejó llevar por sus sentidos. Ricardo olía a cilantro y a pintura de óleo; debía venir del estudio en su casa, quizás estuvo pintando, quizás estuvo labrando, quizás ambas cosas.

Sobre la mesa los dos hablaban sin emitir sonidos. Sus dedos bailaban sobre sus manos, pintaban en el aire, señalaban sus cuerpos. Sus manos se escondían y aparecían. Con los gestos se arrancaron sonrisas y caricias. Bailaron una música invisible aprobada por sus cuerpos. Ricardo le habló a Clara por primera vez, y Clara lo dejó establecerse en su mundo lleno de colores, sabores, mimos y olores.